Anomalía

Cuando en la mesa de autoayuda K no se nos ocurre nada para escribir o cuando el cheque de la jefatura de gabinete se atrasa, nos desquitamos leyendo. Como por ejemplo hoy en el Boletín Oficial 12, al amigo Natanson, que refuta un artículo de Ricardo Forster que lamentablemente no pudimos leer por no dominar el arameo:

¨Contra lo que a veces se dice, Kirchner no fue a contrapelo de las tendencias generales, sino a caballo de ellas. No las combatió sino que las intuyó tempranamente y supo aprovecharlas. En este sentido, las alusiones a los ’70 y la sensación de camporismo tardío que a veces rodea al elenco oficial no debería distraer: el kirchnerismo es un movimiento moderno, bien de época, totalmente sintonizado con los tiempos. Como en el resto de Sudamérica, mezcla un desarrollismo aggiornado, un razonable rigor fiscal, amplias políticas sociales y la apertura a nuevos reclamos (casamiento igualitario) y temas (ley de medios).¨

¨La curiosidad argentina no reside entonces en el programa pos-neoliberal, una tendencia general que abarca a casi toda la región, sino en quien lo protagoniza.¨

¨En Argentina, todo así lo indicaba, debía ser el Frepaso, el gran protagonista de la oposición a Menem, pero la decisión de Chacho Alvarez de aceptar la continuidad de la política macroeconómica (profesión de fe sintetizada en el famoso arrepentimiento de haber votado en contra de la convertibilidad) terminó con la formación de la Alianza y el gobierno de De la Rúa, con Cavallo como ministro. Y al final fue el peronismo, el mismo que había concretado el giro neoliberal, el responsable de asumir la conducción de la nueva etapa. ¨

¨Mi tesis, retomando Forster, es que la anomalía argentina no reside en el giro a la izquierda sino en el responsable de llevarlo adelante: lo anómalo no es el programa sino el sujeto político. La anomalía se llama peronismo.¨

Aplaudo de pie aunque no puedo dejar de recordar con cariño y amargura al Chacho, nuestro fallido Lula.