Como la célebre olla, el gobierno kirchnerista entrega lo mejor de sí bajo presión.
Cuando las condiciones externas son amables, cuando el kirchnerismo no detecta peligros inminentes, suele elegir las iniciativas más olvidables. Durante la época dorada del ¨gobierno de la opinión pública¨, nombró a Redrado en el Central, a Julio Bárbaro en el COMFER y renovó las licencias de los principales medios de radiodifusión, con el objetivo de “darles previsibilidad, seriedad y tranquilidad”.
Por el contrario, cuando se siente asediado es cuando más brilla. La operación Redrado, con el Grupo A recién nacido y todavía candoroso sobre sus propios recursos, terminó con el nombramiento de Marcó. La crisis externa catalizó el fin de las AFJP, la batalla con Clarín generó la Ley de Medios y la paliza del 2009 aceleró la AUH.
Hoy la olla vuelve a presionar. Por un lado la crisis de la vivienda de los excluidos del crecimiento formal. Por el otro la Federal, mantenida a raya hasta ahora por Aníbal con un sistema de control de daños que fue un gran objetivo en el 2003 pero que hoy ya no alcanza. El resultado es Garré, una de las mejores ministras del staff permanente, en Seguridad y la voluntad de ir más allá del autocontrol de la Federal, además del sacudón dentro del paradigma aliciakirchnerista de la política social.
La felicidad consiste en mantener al gobierno con suficiente presión como para obtener la AUH o la Ley de Medios pero sin pasarse de la raya y agrandar macris (una tarea que hoy parece sobrehumana).
En la Mesa de Autoayuda K pensábamos seriamente en armar un grupo de presión que logre evitar el exceso de tranquilidad oficial, pero al observar lo ocurrido durante los primeros días de la crisis de Soldati comprendimos que el gobierno, consciente de sus propias limitaciones, ya cuenta con un think tank interno. Su misión es evidente: no dejar pasar un mes sin dispararse un tiro en el pie.
Nota: ¨M´essayer, madame, c´est m´adopter¨ (algo así como ¨Probarme, señora, es elegirme¨). El mejor slogan kirchnerista.