Marcel Proust escribió que durante la ola de antisemitismo que generó el Affaire Dreyfus en Francia, el cochero afirmaba detestar a los judíos por empatía hacia su patrón.
Mi tío Ernesto, un hombre educado en la escuela estatal, cuyo único sistema de salud fue el hospital público, que vivía del sueldo de docente de su mujer y a quién el mercado jamás detectó, afirmaba durante la última dictadura militar que el problema de la Argentina es el exceso de Estado.
Al compartir alguno de los valores de la alta sociedad, el cochero y mi tío creían ingenuamente que compartirían alguna de sus prerrogativas.
Esa inversión de valores es el gran triunfo político de la derecha argentina. Sin lograr el sistema equilibrado de sus pares chilenos, mucho más sofisticados, los poderosos argentinos han logrado universalizar algunos paradigmas de los cuales son los únicos beneficiarios.
Uno de esos paradigmas es analizado hoy por el amigo Zaiat :
¨En general, no es usual en el debate público concentrar la atención en la magnitud de la tasa de ganancia de las empresas y, en cambio, resulta habitual, hasta con comportamientos obsesivos, advertir por los reclamos salariales. Se plantea la necesidad de una discusión “racional” para las próximas paritarias, que implica moderación en los pedidos. No sucede lo mismo con la evolución de las ganancias de las empresas. No existe ese criterio de racionalidad ni de limitación para esa variable como contribución a la estabilidad de precios. Esa asimetría en el abordaje de la relación capital-trabajo tiene una raíz político-ideológica: cuidar la rentabilidad empresaria puesto que sostienen así se generalizará la bonanza y, a la vez, establecer límites a los asalariados debido a que con los deseos por mejorar sus ingresos ponen en riesgo la armonía social.¨
En una nota en La Nación, Cleto Cobos propone, para bajar la inflación, entre otras cosas poner un techo a las paritarias.
El estadista mendocino tiene razón, entre otras cosas poner un techo a las ganancias atentaría contra la seguridad jurídica y no sería publicado por La Nación.