Desde el Polonio, hacia donde fue a evangelizar veraneantes del segmento Palermo Rúcula, el amigo Barban persiste en el hercúleo trabajo de desasnarnos. Esta vez con el muy buen prólogo de Torcuato Di Tella a El Pensamiento del Peronismo:
“… para consolidar esta nueva coalición era necesario marchar con cuidado, porque avanzar demasiado en el barrido de los establos de Augias podía antagonizar, y perder, a más gente y estructuras de apoyo que las que se podrían alcanzar entre los independientes enrolados como transversales. Y además muchos de estos últimos seguían sufriendo una incurable tendencia a protestar y quejarse ante el menor contratiempo. Cosa que, aunque sea válida a nivel ético y personal, no es útil en los militantes y apoyos de un partido o coalición en el poder, que necesita juntar fuerzas y disciplinarlas para evitar el caos y asegurar la gobernabilidad. Por algo en Gran Bretaña los jefes de bancada son llamados “látigos” (whips). Es así que tanto el gobierno de Néstor Kirchner como el de Cristina Fernández necesitan dar, como se dice, una de cal y una de arena. Deben enfrentar a algunos de los dinosaurios mas impresentables del peronismo, pero usar a veces a otros. Deben cultivar apoyos entre los sectores de izquierda reformista, cooptando algunos, y mostrarse decididos a enfrentar a otros, pues también hay bastantes dinosaurios en esas filas. El resto lo hara el tiempo, que a veces sopla a favor. “
Me gusta lo de la incurable tendencia a protestar y quejarse ante el menor contratiempo. Casi una declaración de principios sobre los límites de la tranversalidad y el drama del progresismo no peronista.