En su crónica semanal Horacio Verbitsky plantea, entre otros temas, el dilema del fuego amigo que acecha al gobierno.
El periodista menciona la ¨hegemonía cultural kirchnerista¨ descripta por Beatriz Sarlo, como una victoria cultural del oficialismo sobre la oposición y señala que el verdadero peligro vendría ahora de adentro. Además de unas precandidaturas impresentables para gobernador en Mendoza y Río Negro, Verbitsky toma como ejemplos de ese fuego amigo los sueños de Diana Conti y el affaire Vargas LLosa con Horacio Gonzalez a la cabeza.
El kirchnerismo es un movimiento que da lo mejor de sí bajo presión, como bien los sabemos en la MAK. Si esa presión no viene de la vereda de enfrente, el oficialismo suele delegar en su tropa propia el tiro en el pie salvador. Uno de los últimos episodios químicamente puros de fuego amigo, por llamarlo de alguna manera, fue el desastre del Indoamericano, desde la actuación criminal de la Federal hasta el respaldo inicial que intentó darle el poder político. Garré fue la reacción salvadora.
Evitar nuevos cataclismos de esa clase es algo que el gobierno debería tomar muy en serio. La euforia de una victoria que se intuye segura y las operaciones de quienes sienten que se quedarán afuera, son nitrógeno y glicerina. Pero me parece ilusorio poder impedir episodios como el de Diana Conti, de peso pluma, o incluso el de Vargas Llosa, tal vez un poco más relevante.
No hay manera de impedirlos ya que en el fondo, son la nada misma. Pero además, perder energía en intentar fiscalizar algo tan amplio (lo que digan las terceras o cuartas líneas del oficialismo) no solo es inútil, es sobre todo contraproducente.
El candidato favorito de la oposición está procesado como miembro de una banda criminal y otro candidato, siendo vicepresidente busca ser líder opositor, sin embargo Morales Solá considera que las instituciones están en peligro porque una diputada oficialista comentó que le gustaría que Cristina gobernara eternamente o el director de la Biblioteca Nacional escribió una carta de repudio a los dichos políticos de Vargas Llosa.
Que el gobierno gestione, que evite un nuevo Indoamericano y que aprenda a reírse de las operaciones de la Armada Brancaleone opositora, como bastante bien lo hizo la presidenta con sus rulos.
El resto, ya veremos.