Como Warren Buffet, como Paolo Rocca, como el Estado francés y otros inversores serios, el Estado argentino pretende que el número de sus directores corresponda al de sus acciones. Salvo que a diferencia de los inversores serios, el Estado argentino no lo hace con intenciones legítimas sino con objetivos satánicos, como lo descubrió Adrián Ventura, especialista en objetivos satánicos: ¨El DNU 441 habilitó una virtual invasión de funcionarios afines a la Casa Rosada en los directorios empresarios.¨
Ante este nuevo avasallamiento de las instituciones, las empresas con posición dominante demostraron tener esa capacidad de generar consensos que tanto le falta a la clase política. Dejando de lado algunos desacuerdos menores, Clarín puso a disposición de Techint su ya legendario Coro Estable.
Salvo Pino, amordazado por Lozano que salió a defender el decreto Chavisto-Buffetiano, el resto del Coro Estable demostró una vez más su enorme flexibilidad. Patricia Bullrich, junto al doctor Gil Lapiedra y otros estadistas, firmó un proyecto de ley para derogar el DNU que salvajemente, ¨a lo Pol Pot¨ según afirmaron varios analistas independientes, busca hacer coincidir el número de directores de la ANSES con la cantidad de acciones detenidas por la ANSES. Algo realmente insólito aún para las costumbres marxistas-leninistas del oficialismo.
Ricardito, un muchacho que alguna vez supo asustar a mi tía Chola con su socialdemocracia de salón, denunció que el Gobierno “coarta el libre juego de decisiones que deben tomarse en el marco del empresariado privado”. Tan contento quedó el candidato no vinculante del radicalismo con esa declaración en contra de los intereses del Estado que dice querer presidir, que la subió a su propia página web y se compró un traje nuevo.
¨Si ahora no me invitan a TN en lugar de la Giudici es que soy todavía más inútil que lo que la gente cree¨ le dijo a Fredi Storani, presidente de la Juventud Radical, mientras se probaba un saco gris.