Un conservador lúcido

¨Recogemos el nombre o el apodo con que se pretende injuriar a los partidarios de nuestras ideas y nos lo apropiamos con orgullo. Somos los descamisados, no traficamos con nuestra conciencia, pero el sol que lucirá hoy no se ocultará en el horizonte sin presenciar nuestra victoria democrática, y los que pretenden insultar la miseria y la inquebrantable firmeza de los que no están con ellos, tendrán que estampar en sus periódicos esta consoladora noticia: ¡los descamisados han triunfado!¨

Eduardo Wilde / “La República”, 12 de abril de 1874

Hace unos días con elbosnio conversamos con Natalio Botana.

Es de esa clase de opositor con la que uno goza discutiendo. Sarmientino apasionado, apoya tanto la escuela pública como la reforma tributaria para que quienes más tienen paguen más. Y sobre todo se interesa por la política, no por las maldades metafísicas del kirchnerismo que tanto atormentan a algunos de sus colegas de La Nación y lamenta, como nosotros, que no haya conservadores lúcidos en la Argentina.

Porque el drama de la Argentina no es el fruto de nuestros bárbaros, sino de nuestros civilizados.

Moyano no es peor que Jimmy Hoffa y sus terribles métodos harían sonreír con ternura a cualquier sindicalista del transporte francés, que con precisión de metrónomo paraliza cada año su país con huelgas preventivas.

Nuestros civilizados, por el contrario, solo se parecen a sus homólogos de otras latitudes por su apariencia. Son incluso en muchos aspectos más avanzados que sus pares regionales. Salvo algunas excepciones, su religión es más enunciativa que proselitista. Pueden aceptar el divorcio vincular o incluso el matrimonio gay sin grandes padecimientos. Tampoco hay familias perpetuas ni aristocracias de sangre. El dinero es, a grandes rasgos, el único linaje exigido, lo que es sin duda una ventaja con respecto a sociedades más tradicionales.

Solo existe un gran, enorme tabú: la renta que han recibido del cielo y que exigen mantener al amparo tanto de las inclemencias del mercado como de los terribles abusos sindicales. El intento de captura de ese regalo de Dios por parte del Estado los hace implacables. Durante años, el partido militar fue su pitbull persuasivo.

La bulimia de nuestra clase empresarial ha impedido a nuestros dirigentes políticos construir un sistema injusto pero sustentable como el de nuestros vecinos chilenos. Nuestros civilizados no quieren pagar impuestos, exigen bajar sueldos y beneficios sociales, trasladan sus pasivos al Estado y fugan sus ganancias, justificándose en esa misma inestabilidad que sus acciones generan. Sueñan con el sistema impositivo de Sierra Leona y los servicios de Suecia. Cada vez que los dejamos aplicar su receta, el país vuela por el aire.

A diferencia de sus pares paolistas o chilenos, descreen de su propia fuerza y en lugar de optar por una porción acotada de una torta enorme se conforman con la mayor parte de una torta que han jibarizado hasta el tamaño de un alfajor Jorgito.

El drama de la argentina no son sus bárbaros. Nuestro drama es la falta de conservadores lúcidos.

Nota: El gran Eduardo Wilde fue el ministro que no solo llevó adelante la ley 1420 de educación obligatoria, gratuita y laica (una iniciativa que no le debemos a los seguidores de Kropotkin sino a un gobierno conservador que soñaba con Orden y Progreso) sino también el Registro Civil y sobre todo fue quién le pegó la maravillosa patada en la sotana al nuncio apostólico, echándolo del país por operar contra la nueva ley de educación.

Otras épocas…