Ayer el compañero Moyano decidió marcar la cancha y salir con los tapones de punta, para usar algunas de las metáforas futboleras que tanto le gustan a nuestro Maestro de Luz Elbosnio, el Sri Sri Ravi Shankar del kirchnerismo de salón.
Nada de lo que dijo es nuevo, salvo la renuncia a los cargos que ocupaba dentro del PJ. Ni siquiera el apoyo explícito a Zanola, que se encuadra dentro de la defensa corporativa que la CGT le ha dado a Venegas o a Cirielli frente a las movidas oficialistas.
Uno de los tantos lugares comunes que el pensamiento mágico de derecha nos ha legado señala que la teatralización de la violencia es violencia. Que la representación del conflicto no sólo lo potencia sino que, en el fondo, lo genera.
Es un paradigma tierno que suele referirse a una edad de oro argentina donde los conflictos se resolvían entre gente de bien, dialogando y dirimiendo las inevitables discrepancias con la cordialidad de un cantón suizo. Insólitamente el hecho que esa época no haya existido nunca no disminuye su atractivo como ejemplo a seguir.
La responsabilidad de Moyano se limita a sus representados y no tiene ninguna obligación hacia el bien común (más allá de su propia condición de ciudadano, que no implica mayores responsabilidades que las que tiene mi tía Chola o la tía Inés del General). Su trabajo consiste en aumentar los beneficios de sus afiliados, sus ingresos y ventajas. Para ello debe consolidar su propia legitimidad.
Es posible que un dirigente gremial pueda lograrlo tomando el té en Las Violetas y compartiendo escones tibios con el ministro de Trabajo. Pero como no existe ninguna prueba documentada que en la historia de las luchas sindicales eso haya ocurrido, Moyano prefirió apretar al gobierno desde un estadio.
Eso no significa que no reconozca el liderazgo de Cristina, como explicó anoche la compañera Sandra Russo del Frente de Intransigencia Baronista, línea Muy Interesante (el FIB-MI por sus siglas en inglés). Es todo lo contrario, como la reconoce como única interlocutora es con ella que quiere negociar. Y como reconoce sus músculos busca mostrar los suyos, como hacía Elbosnio, nuestro Maestro de Luz, el Sri Sri Ravi Shankar del kirchnerismo de salón cuando iba a seducir colegialas a la Salada.
Es natural que los medios opositores o su devaluada rama política descubran hoy en Moyano grandes cualidades que hasta ayer nunca vieron, lo extraño es que algunos oficialistas sueñen con un recambio. En la cola de los que buscan reemplazar a Moyano no vimos ni a Kropotkin ni a Agustín Tosco, aunque sí estaban Armando Cavalieri, el Momo Venegas y Gerardo Martínez.
Como explica el amigo Escriba, hay una tensión en la voluntad de Cristina de ¨articular los intereses de 40 millones de argentinos¨ a la vez que declara no ser neutral.
En eso consiste el trabajo de Cristina. El de Moyano es otra cosa.
Sobre el mismo tema escribieron los amigos Ricardo y Gerardo, y el Escriba descubrió un gran documento histórico y recomienda escuchar a Ricardo Pignanelli, dirigente de SMATA hablando sobre el tema.
Video: Sindicalistas neozelandeses preparándose para iniciar las paritarias.