Subsidios: Hacer u opinar

Un viejo dicho estipula que el mundo se divide en peronistas que hacen y radicales que opinan. Hoy la última cualidad incluye a casi toda la oposición.

Desde fines del 2003, la oposición de centroizquierda se ha ido uniendo a la oposición de derecha en el repudio frontal a un gobierno que con intenciones satánicas llevó adelante la mayor parte de su programa y la dejó sin agenda. El Honestismo y el Intencionalismo han sido sus bases conceptuales, esas que le dieron un gran éxito mediático y una paulatina muerte electoral. Pino y la Mentalista son sus cadáveres exquisitos.
Por suerte para nosotros y para ellos, la función de la oposición no es gobernar. Pero salvo la componente PRO, el resto no parece ni siquiera pretender hacerlo algún día. Frente al riesgo de ejercer cualquier responsabilidad ejecutiva, nuestra oposición-Bartelby repite una y otra vez ¨preferiría no hacerlo¨. Hay en eso una sociedad objetiva con el kirchnerismo, que preferiría no dejar de hacerlo.
El traspaso del subte a la CABA permite empezar a valorar el peso de algunas de esas opiniones.
Más allá de que la Nación soporta gran parte de los subsidios del AMBA, el de los subtes determina una distribución de fondos federales focalizados específicamente hacia el distrito más rico de la Argentina. Hay sin duda algo más chocante en el subsidio de Formosa al subte que en el subsidio a los trenes que van más allá de la CABA. Pero su implementación y su mantenimiento es una decisión política, ya que como nos señala nuestro Maestro de Luz elbosnio, el Sri Sri Ravi Shankar del kirchnerismo de salón, todo en esta vida lo es.
Horacito Rodríguez Larreta, el hombre cuya extraña sonrisa podría curarle el hipo a Freddy Krueger, estimó que era “una buena noticia que el Gobierno encare de una vez por todas el tema de los subsidios”. Su jefe Macri opinó que sin la transferencia desde la Nación de esos subsidios populistas tan criticados, estaría obligado a aumentar el precio del boleto, cuya ¨tarifa de equilibrio¨ situó en $ 3,40 (muy por encima de los $ 2,70 que calculó la propia empresa Metrovias) aclarando que en realidad no dispone de la información necesaria para respaldar ese cálculo.
Es muy bueno eso de opinar a favor del aumento de tarifa de una empresa de servicios privatizada sin siquiera esperar a conocer su realidad económica y financiera o sus responsabilidades contractuales. Eso en mi barrio se llama ideología, de esa que una profesional seria como María Julia Alsogaray profesaba en los ´90 al sostener que ¨el rol del Estado es garantizar las ganancias de las empresas de servicios privatizadas¨.

Uno de los grandes aportes del kirchnerismo, además de la aparición de la Mesa de Autoayuda K visitada por miles y miles de seguidores que insólitamente no dejan rastro, es la de traer a la luz del día aquellos conflictos de interés que durante décadas se resolvían entre gente bien educada, al amparo de la luz tamizada de las corporaciones.
Discutir los subsidios va en ese sentido.