¨Quienes dicen que Ricardo Alfonsín no tiene experiencia, no saben de lo que hablan porque los más grandes presidentes no tuvieron experiencia de gestión¨ y mencionó a John F. Kennedy, Felipe González, Raúl Alfonsín y Barack Obama.
Tiene razón el operador de Ricardito. Si para ser presidente se requiriese haberlo sido, deberíamos instaurar la reelección permanente o recurrir a la importación de presidentes.
Pero el drama de Ricardito no es ese. Apenas entró en las ligas mayores a partir de la muerte de su padre, pareció querer tener un estilo propio, alejado del Coro Estable. Pedía, por ejemplo, dejar que la justicia se ocupe de la corrupción y centrar el debate en la política. Eso lo diferenció de aquel entorno desaforado, transformándolo casi en un político.
Esa tenue diferenciación no resistió las altas temperaturas de la cocina política y las presiones de los medios. Ricardito sobrevivió a Cobos y a Sanz, lo que probablemente para los boinas blancas sea un gran triunfo, pero perdió la herencia que inesperadamente encontró en el bolsillo de un saco prestado.
De la imitación inicial del gesto de Raúl, el hijo fue optando por la baba cobosiana, con su inofensivo sueño de Acuerdo Programático, sus aforismos republicanos de revista Billiken, sus indignaciones GilLapiedrezcas frente a cualquier nimiedad que incomode a algún factor de poder y su obstinada defensa de las corporaciones. Defensa que no modifica el profundo desprecio que esas mismas corporaciones le dedican, aunque logra desacreditarlo frente a todos aquellos que no tomamos la precaución de nacer radicales.
Viéndolo sonreír mientras la Mentalista lo trata de inútil o desestabilizado por estadistas de la talla de Margarita o Pino no es difícil imaginar cual sería su destino, y el nuestro, si por alguna extraña broma del destino algún día presidiera algo más relevante que el Club de Aeromodelismo de Chascomús.
Así como lo que condena al radicalismo de hoy no es su mediocre pasado sino el radicalismo de hoy, el drama del Hombre del Saco Prestado no es la falta de experiencia, sino su experiencia.