En realidad el título es exagerado. Nuestro liberales no son perezosos, son inexistentes. No hay liberales en la Argentina. Y eso es un problema, como la falta de oposición que tanto lamenta el amigo Fede Vazquez.
Sería grandioso contar con una oposición genuinamente liberal, que pueda sacarle músculos al oficialismo en lugar de esta oposición chirle, oportunista, que pide el fin de las retenciones a la vez que el 82% móvil. Que denuncia cada semana al gobierno por su falta de apego a la ley a la vez que aplaude cada corporación que no la respeta. Para brillar con esa oposición no hace falta talento, alcanza con dejarla hablar.
En la MAK soñamos con liberales alérgicos a la Iglesia y a los clubes entre empresas. Que cuestionen tanto las empresas del Estado como la penalización del consumo de estupefacientes, que se opongan al impuesto a las ganancias y propongan un severo impuesto a la herencia. Serían grandes oponentes, tipos con los que vale la pena discutir.
En alguna otra vida nos hemos portado mal, tal vez le arrancamos las alas a una mosca o nos burlamos de alguna monja con barba, en todo caso los dioses nos condenaron a Mariano Grondona, a Lopez Murphy, a Daniel Artana. A patanes anti-Estado que solo saben temerle a los sindicatos, a los barones del conurbano o al populismo y que nunca se ocuparon de un delito de iniciados, de la injerencia de la Iglesia, de un club entre empresas, de un banco salvado con recursos públicos o de una estafa inconstitucional como las AFJP. Son módicos conservadores que piden que el Estado se encargue de lo esencial: proteger de las inclemencias del mercado y de las presiones de los sindicatos a las empresas que pagan sus programas o sus consultoras. Y de reprimir, por supuesto.
Pero tenemos el consuelo de imaginar que Grondona, Lopez Murphy o Artana se han portado aún peor que nosotros. Los dioses los condenaron no solo a escuchar a Vargas Llosa, sino a tener que aplaudirlo.
Un castigo ejemplar.
Actualización: ¨Ningún golpe de Estado se hizo en nombre de las dictaduras. Por el contrario, se hicieron “para defender la libertad y la democracia”, según Luis Bruschtein
Actualización II: En los ´50, Raymond Aron se burlaba de los intelectuales franceses que apoyaban el régimen comunista de la URSS en el cual esos mismos intelectuales serían fusilados. Algo parecido pasa con nuestros liberales. Hubiera sido interesante enviarlos a la Francia de De Gaulle o a la Corea de los ´60 a denostar la intervención del Estado o la sustitución de importaciones (ya que en el fondo da lo mismo fabricar aviones que caramelos). Gracias a que no los enviamos y a que nadie los fusiló, hoy esos mismos liberales pueden aplaudir a Francia y a Corea y usarlos contra la terrible política intervencionista del chavismo-polpotiano de la presidenta.