Liberales o Replicantes

Desde un inicio la iglesia se opuso ferozmente al proyecto, con la ayuda de medios afines y diputados amigos y cuando la ley fue finalmente promulgada, se movilizó como nunca lo había hecho. El ministro de Educación, considerando con alguna razón que la iglesia no debe intervenir en contra de una decisión del Estado, expulsó al nuncio apostólico. Los enfrentamientos no terminaron con eso. Algunos obispos del interior fueron separarlos del cargo por el presidente que luego hizo una limpieza de profesores católicos en la Universidad.

Ese acto de poder hegemónico, fruto de la falta de diálogo y consenso, ocurrió hace 127 años, durante la presidencia de Roca cuando fue promulgada la crispada ley 1420 de educación universal, obligatoria, gratuita y laica. Fue Eduardo Wilde, el ministro de Educación, quién expulsó al representante del Vaticano.

Este momento de gloria de nuestra historia, llevado a cabo no por troskistas comeniños, admiradores de Kropotkin o brigadistas del café sino por por políticos liberales, suele ser olvidado por quienes hoy se dicen liberales. Nunca escuché a Biolcati, a Lopez Murphy, a Daniel Artana o a Mariano el Latinista destacarlo como un ejemplo a seguir. Sin embargo fue una iniciativa genuinamente liberal, combatió la educación religiosa hasta ese momento mayoritaria y apoyó el establecimiento de una cierta meritocracia a partir de la educación, a la vez que aceptaba todas las diferencias de culto sin imponer ninguna en particular.

La triste realidad es que nuestros liberales no lo son. Ni siquiera en lo económico, como suele creerse. Biolcati, Lopez Murphy, Artana, Mariano el Latinista y sus amigos son conservadores en lo económico y reaccionarios en lo social. Jamás hubieran expulsado al nuncio apostólico en defensa de una ley de educación laica.

Son conservadores pacatos, muchas veces clericales, que le temen más a un travesti, a un boliviano, a un cigarrillo de marihuana o a un sindicato que a un club entre empresas, un oligopolio o la iglesia operando contra el Estado, males absolutos para la conciencia liberal. Son anti-Estado, no liberales.

Como ministro de Defensa Lopez Murphy intentó imponer la peligrosa idea de que las FFAA intervinieran en seguridad interior (algo que Macri apoya también), siguiendo los consejos que el Departamento de Estado les da a las repúblicas bananeras pero que ninguno de sus amigos liberales norteamericanos aceptaría dentro de sus propias fronteras.

El ideal de sociedad de nuestro liberales, nada tiene que ver con el de John Stuart Mill, el de Thomas Jefferson o incluso, mucho más modestamente, el de Milton Friedman. Sueñan con una república Tío Tom, en donde los poderosos puedan elegir cuantas migas le entregan a los que menos tienen, quienes deberían recibirlas con ojitos húmedos y mirada gacha y no exigir derechos con esa brusquedad tan peronista.

En realidad no piden que el Estado desaparezca sino que se dedique solo a lo primordial: proteger sus rentas de las inclemencias del mercado.

El amigo elbosnio ideó un prueba para detectar falsos liberales. Su test Voight-Kampff consiste en una sola pregunta: ¨¿Está a favor de la despenalización de las drogas?¨.

Un liberal genuino jamás toleraría que el Estado se inmiscuya entre una raya de cocaína y sus fosas nasales, así que la respuesta negativa desenmascara inmediatamente al falso liberal, al replicante.

El Departamento Proselitista de la MAK propone una nueva campaña veraniega: descubrir replicantes a través del test de Voight-Elbosnio.