Luego de que murieran dos personas durante el desalojo en Villa Soldati, posiblemente víctimas de la Federal o la Metropolitana, el jefe de gobierno de la CABA llamó a una conferencia de prensa para determinar responsabilidades y proponer soluciones.
Macri sostuvo que el problema de la Argentina es “todo este avance de la inmigración ilegal, donde se oculta el narcotráfico y la delincuencia”, se quejó de que “con la inmigración descontrolada no se puede” y que “acá había un discursito muy lindo, que se le ha dicho (a la gente) que venga a la Ciudad de Buenos Aires que les damos salud, educación y vivienda gratis. Dejemos de tener ese discurso“. También pidió que se haga como en Brasil y que el ejército actúe en las villas.
Como hijo rico de inmigrante pobre, el estadista del Cardenal Newman sabe de lo que habla cuando habla de inmigración. Tiene razón, debemos acabar con los discursitos lindos. Empezando por el preámbulo de la constitución que pone en una insólita igualdad de derechos a los argentinos como uno y a “todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”, incluyendo bolas, paraguas y demás delincuentes.
Debemos también terminar con las supuestas obligaciones del Estado con respecto al “acceso a una vivienda digna”, “especialmente para aquéllos de menores recursos”, estipulado por el kirchnerista artículo 14 bis de la constitución, además de otras delirantes responsabilidades del Estado referidas a educación y salud gratuitas, como aquella ley 1420 cuyo espíritu también deberíamos dejar atrás.
Por último, debemos anular la Ley de Defensa que impide que las FFAA actúen en seguridad interior, como si éste fuera un país del primer mundo, y que nos ata las manos frente al tráfico de cilantro de los bolivianos y a la mafia paraguaya de los vendedores de chipá.
El kirchnerismo no plantó a James y a Palacios en el gobierno porteño. Lo plantó a Macri.