MAKanalogía: CEPO HOLANDES.

El sistema de polders en los países bajos implica una necia pelea contra el equilibrio natural. Un Cepo al océano para hacerles creer a sus habitantes que el agua no tiene el nivel que tiene.

A esta nación de tulipaneros les cuesta millones de euros por año y mucho esfuerzo mantener un nivel artificial del agua. Lo que ademas implica subsidiar a miles de propietarios que abusan así utilizando terrenos costosísimos para su jardín, su esparcimiento y aún para almorzar en la hierba. Todo a costillas de sus vecinos de las zonas altas.

La corona naranja tolera alocar recursos monetarios y de ingeniería para mantener esta absurda e injusta estructura desde hace un milenio, sin que haya un solo juez que se anime a investigar y encarcelar a sus coronados.

Como dice el primo holandés de Melconian “Es insustentable! El nivel del océano sigue siendo de 4 m. más alto que el nivel oficial que rige dentro de los polders. Sólo lo hacen por incompetencia y para beneficiar a los amigos de la corona”, sin detenerse en la contradicción.

Efectivamente, a pesar de la plata que han malgastado tantos gobiernos populistas, ninguno logró bajar el nivel del océano. Apenas han logrado mantener, y a duras penas y con interrupciones, un nivel artificialmente bajo del agua adentro del cepo.

“La gente sabe que los gobiernos populistas se han beneficiado de un viento de cola, de un inusual periodo de mareas bajas. No están pensando en que pasará con Holanda cuando el mar crezca 5 metros más, o cuando no podamos mantener los polders en su lugar. No piensan en el largo plazo”, vocifera Aldred Van der Leuco, un famoso periodista independiente.

Los polders mantienen un intolerable nivel de incertidumbre sobre la población.
“Cuántos metros bajo el agua estará mi casa si los polders se eliminan?” se pregunta una anciana.
“Qué pasará con mi vida si se rompen los polders” es una preocupación que tortura a muchas madres, que viven con un miedo casi campanellistico.
El miedo al polder es un miedo que sólo se padece en Holanda y, quizás, en Venezuela o Cuba.

Estas tensiones  hacen insoportable la vida cotidiana, pero además afectan la predisposición a invertir a largo plazo. De hecho, no pocos economistas sostienen que las casas y fábricas ya se construyen considerando el nivel de agua en el océano. “Porque ese es el nivel real del agua, lo otro es una ficción fruto de un relato” aclaran.

El polder no solo es un subsidio inmoral hacia los choripaneros de las tierras bajas, sino que además consume obscenas cantidades de energía que podrían utilizarse para otros destinos. Es un malgasto de energía para sostener algo que de todos modos es insostenible a largo plazo.
“Quien quiera tener una casa o una plaza a 4 metros bajo el nivel del agua, que pague su propio polder. Es injusto que se lo paguemos todos” se escucha decir a los vecinos indignados.

Como afirma Van der Leuco con tino: “Los países serios no tienen 30% de su tierra bajo el nivel del agua. Por algo afuera nos llaman con sorna países bajos”.

Aún más allá de los economistas, las demás personas a quienes sí les importa la vida humana, no pueden olvidar que la adicción a los polders ocasiona miles de muertos. Al mantener artificialmente bajo el nivel del agua, cuando el agua recupera su nivel natural lo hace ocasionando un destrozo de proporciones bíblicas. Como fue el caso en 1953. Crimen que aún hoy ha quedado impune.
Porqué la corrupción mata, también en Holanda. “Los polders no aguantaron el agua en 1953, porque la corrupción se robó un metro de polder”, habría dicho Lilita la pitonisa de Hamelin, si hubiese ocurrido hoy y si Hamelin hubiese quedado en Holanda.
Deficiencia geográfica y temporal, que nos privó de verla con la leyenda SOY UN POLDER en su remera. Otra desgracia de un mundo injusto.

Es raro que una monarquía engalanada con una reina argentina no haya tenido la bendición de un Mauricio Macri.
Alguien que resuelva de una vez y para siempre la larga lista de problemas que surgen de este cepo oceánico.
Alguien que libere al reino, con la templanza que se requiere, de todas las trabas que ocasionan los polders y deje que las aguas recuperen su nivel natural. Algo así como “Sincerar el nivel de agua”. Dejar que el dios mercado ó Poseidon regule su nivel y terminar la fiesta de las tierras secas.

Aceptando un nivel de agua 4 metros por encima del actual, el gobierno podría dejar de desviar dineros para el mantenimiento de los polders y eliminaría la incertidumbre que los ensombrece desde hace siglos. A la pregunta “Dónde estaría el agua si se acaban los polders?” podrían por fin contestarla fácilmente. Todos lo sabrían porqué el agua se los marcaría.
Como dijo un ministro, medido en agua, 4 metros es poco.

Una vez que cada terreno hubiese recuperado el nivel de agua que le corresponde, se acabaría la incertidumbre; las inversiones tendrían mayores certezas sobre su futuro; el nivel de gastos en mantenimiento bajaría enormemente liberando recursos para otras cosas, como devolver impuestos a los contribuyentes.
Sin el subsidio de agua, cada sector se dedicaría a trabajar donde realmente agregase valor.

Oscar Wilde decía que la única manera de liberarse de una tentación es cediendo a ella.
Parafraseándolo, Mauricio nos explica que la única manera de resolver los problemas de tener un cepo es eliminándolo.

(*) En la foto vemos el campo del empresario Van Der Baez, gran beneficiado por la política de polders de amigos.