Descartada la posibilidad de que Cristina intervenga el distrito y encierre a Macri en una cañonera por las numerosas irregularidades constatadas (sin ir más lejos en mi mesa, la presidenta mordisqueó una medialuna sobre mi DNI) y desechada la opción del suicido colectivo por ingesta de globos amarillos, no nos queda otra posibilidad que aceptar la paliza.
Pero, como el segmento ¨Perder con Dignidad¨ ya está ocupado por la progresía químicamente pura en general y la de de Pino en particular, no estaría mal que intentemos comprender qué pasó.
Además de tragarse el bigote, Macri encontró su electorado. Le habla como quiere que le hablen, es dueño de sus votos (a diferencia de la Mentalista o Pino) y hace 4 años que está en campaña. Y sobre todo, logró el milagro de independizarse de la mediocridad de su propia gestión.
Se merendó a Gaby Michetti, la monja laica que alguna vez creyó ser la pieza esencial del armado, apartó a su operador estrella, el reaparecido Horacito y tuvo buena cintura para reemplazar al mediático pero inútil rabino Blumberg por el todoterreno Ritondo apenas la kipá del rabino tocó el techo bajo de su incompetencia.
Es el dueño del distrito.
El macrismo aprende de sus errores y ha ido mejorando desde el 2003. Los globos multicolores y la sonrisa sin caries de Mariú, envidia de cualquier odontólogo, reemplazaron al fascismo explícito de Posse y las patotas de la UCEP, al menos en los titulares. Dos carriles exclusivos para bondis en Juan B. Justo ocultaron los 40Km de subtes nunca construidos. La inoperancia, la imposibilidad de hacer fue transformada en virtud.
Su oposición nunca logró romper ese cerco. Más bien se dedicó a convencer a los convencidos, como señala el Ingeniero. A diferencia de Cristina que encontró su tono, Filmus no encontró el suyo en una campaña empezada demasiado tarde. Pero tampoco Cabandié y ni siquiera un peso pesado como Tomada, insospechado de tibieza, que llegó a perdonarle la vida a Mariú, un maniquí de vidriera fina.
El kirchnerismo no tiene la prerrogativa de la irrelevancia. No puede, como Pino, conformarse con un entierro digno luego de haber evaporado la mitad de su electorado y dejado en banda a sus amigos, o como la Mentalista, cuya cercanía con la Desatanudos le permite festejar tanto la desaparición de su electorado porteño como el triunfo de quien fuera su ¨límite moral¨.
Además de seguir denigrando a Horacito, Mariú o el rabino, derecho constitucional que defenderíamos aún con la vida de quienes denigramos, hay que analizar como el duranbarbismo logró inventar el partido conservador popular más eficaz de las últimas décadas, luego del fracaso crónico de todos los sellos de goma de derecha.
Seguir creyendo que Macri es lo mismo que López Murphy y que solo lo votan tipos con campera de Cardon o pensar, como Lozano y Zamora, que alcanza con lo que el político ¨es¨, son errores que le pueden costar al kirchnerismo porteño más entierros gloriosos y a los porteños, más globos amarillos.
Una de las virtudes cardinales del gobierno es reaccionar con buena cintura cada vez que el destino o su propia mano le incrusta una bala en el pie. Siguiendo el famoso paradigma Marmikok, da lo mejor de sí bajo presión.
Ese es el camino.