
Como ya escribimos, el gran límite al discurso antikirchnerista de Beatriz Sarlo es su fascinación por el Intencionalismo. Sarlo descalifica la política de DDHH del gobierno no por estar en contra o por considerar que es nociva para la sociedad. La descalifica por las intenciones satánicas de quienes la llevaron a cabo. Y por su falta de títulos nobiliarios y pasado glorioso.
Para Sarlo, las intenciones y el pasado glorioso, califican más a un gobernante que sus propias iniciativas políticas. Ese paradigma le permite rescatar a Graciela Fernandez Meijide, ministra inofensiva que dejó un país en llamas, o a un Alfonsín, presidente que quiso hacer un montón de cosas rescatables pero que no logró casi ninguna, antes que a un Kirchner, ya que todos sabemos que su defensa de los DDUU era solo ¨instrumental¨.
Sarlo deja pasar de esa forma uno de los cambios más interesantes (¨muy interesante¨ diría Barone) de estos gobiernos polpotianos y violentos que nos alejaron del mundo: El pasado glorioso y las buenas intenciones ya no son la barra con la que se mide a nuestros políticos. Es una maldición que Pino y sus amigos no parecen tampoco haber comprendido.
Con respecto a esa falta de pasado glorioso, Horacio Verbitsky sale a refutar a Sarlo y ¨exégesis teórica presuntuosa, edificada sobre una base fáctica que conoce mal¨. Un discurso del ´83 de un jóven Néstor Kirchner pidiendo el juicio a las Juntas, que circula en la red, refutaría esa falsa acusación opositora.
Por mi parte, creo que el Intencionalismo es falso sin necesidad de buscar antiguos documentos que lo refuten.