Mate y DNI

Frente al aburrimiento casi terminal de la realidad política del país y a una oposición que para evitar que nos burlemos de ella ha decidido suicidarse en masa, nos vemos obligados a publicar viejos textos para no perder la continuidad de los miles de lectores y la ayuda invalorable de nuestro Jefe de Ministros.

Desde hace un par de semanas tengo mi nuevo DNI. Como buen ultrakirchnerista a sueldo, considero que me lo dió Cristina y no dejo de mirarlo. Y mientras lo miro me pregunto por qué tardamos tanto en liberar a la Federal de esa tarea.

Durante la primer reforma de Arslanian se realizó un censo de la bonaerense en el que hubo que agregar una actividad no prevista en el organigrama oficial. Un porcentaje relevante de policías rasos dedicaba su tiempo a cebar mate, tarea para la que no habían sido específicamente capacitados en la Vucetich pero que los definía por completo. Como era de esperar, los cebadores de mate en uniforme fueron tomados como ejemplo de lo que una fuerza de seguridad no debía hacer.

Sin embargo pasaron casi 15 años desde aquel censo antes de que el poder político decidiera terminar con los cebadores de mate de la Federal.

Pese a lo disparatado de que la Policía dedique parte de su tropa a confeccionar pasaportes y cédulas de identidad (redundantes con respecto al DNI que debiera ser el único documento nacional) y al peligro que representa que una fuerza de seguridad tenga su propio archivo de la ciudadanía, los cebadores de mate de la Federal gozaban de buena salud.

Lo extraño, como señala el amigo elbosnio, es que ningún gobierno anterior haya decidido resolver esa anomalía indefendible. Los radicales desde lo institucional o el menemismo con su paradigma de la eficiencia del Estado (que los llevó a demolerlo), podrían haber haberse adelantado a Garré.

Como ocurrió con la desaparición del servicio militar obligatorio, que fue eliminado de un plumazo por Menem sin que nadie lo lamentara (salvo las esposas de generales que se quedaron sin choferes para ir a la peluquería) nadie se hubiera quejado. Y de hecho, nadie se quejó (salvo la legión de gestores y comisarios dedicados al trámite fast track).

Pero, como en tantos otros casos, hubo que esperar a este gobierno polpotiano y violento.

Aunque como lo saben muchos periodistas independientes esto, en el fondo, también es efecto del viento de cola: Con las condiciones externas actuales cualquiera, incluso De la Rúa, hubiera decidido quitarle esta tarea a la Federal.