El mandril y los dos Domingos. “Oda al Error”.

En política, como en muchas otras situaciones, el ERROR es menospreciado. Cada actor busca asociar los errores de su adversario a un problema de esencia, genético o ideológico, para así invalidarlo para cualquier propuesta futura. 

Pero a los ciudadanos nos conviene rejerarquizar el error. Darle al Cesar lo que es del Cesar.
El error es un DON, un lujo que solo los humanos nos podemos dar. 
El conocido refrán “Errar es Humano” ha sido subutilizado como un paliativo a la culpa cristiana ante un error, como una banal argumentación para el perdón. 
Pero “Errar es Humano” (“errare humanum est” en su definición en ingles) afirma mucho mas, nos dice que el error es un Don Humano, un lujo exclusivo de los humanos. Hagamos uso de él.
Cuando un Mandril estudioso, valiente y comprometido concluye que en realidad el león es solo un cartón pintando con melena y busca demostrarlo, su manada pierde de una dentellada a un miembro valioso, además de perder toda posibilidad de aprender de ese intento y continuar con sus investigaciones. Los humanos no perdemos a nuestros miembros, por inmenso que fuera el error en el que han incurrido. Duhalde, Alfonsin, De Narvaez y Magnetto pueden aprender y seguir con nuevas investigaciones y arriesgar nuevas interpretaciones sobre la realidad, la leona, el cartón y su melena.
El error es también un Don Generoso. Se regala a todos. Ricos, pobres, educados, brutos, blancos y negros, gorilas y peronistas, aún los kirchneristas, todos pueden equivocarse y tarde o temprano, todos lo hacen (lo hacemos). Pero no todos tenemos la misma actitud ante el error y de esta provienen los efectos mas lamentables, quizás por evitables.
El intento estéril por evitar el error lleva a la inoperancia, a la acción timorata y a la debilidad política. Lleva a ese tipo de política que aun en el poder, no tiene el poder. Los radicales se dedicaron el ultimo medio siglo a escribir sobre este tema, usando la realidad como papel y sus gobiernos como pluma.
En cambio, la negación lleva a la estupidez y a la repetición casi compulsiva del error. Como ocurriría si nuestro Mandril volviese explicando que las marcas de dentelladas y la sangre de mandril por todo su cuerpo son la fiel prueba del éxito de su experiencia. El león no tardaría en comerse a la manada que habría ido en fila india a sacarse fotos con ese cartón pintado tan natural. El daño de Carrio (hacia su gente) no proviene de su error en interpretar que los K eran Ceaucescu (varios indicios sostenian esa tesis, como el sonido fonetico identico en sus iniciales) sino de su incapacidad de reconocer que esa interpretación se demostraba falsa a cada confrontación con la realidad y su pasión por atarse a ella. 
Nuestro primer Domingo, Sarmiento, impuso la escuela publica como nueva forma de educar a los habitantes del territorio. Logró imponer esta idea por la fuerza de sus convicciones y el poder de los rifles del estado que lo sustentaban. Quienes se opusieron tenían fuertes argumentos en contrario, una forma de educación centenaria que se había demostrado exitosa (Sarmiento no fue fruto de la educación Sarmientina sino de la precedente. Como le ocurre a cualquiera que argumenta por un cambio social, su ejemplo le juega en contra), mas el simple derecho de las personas a educar a su familia como cuernos quieran, el gran argumento de la libertad. Sarmiento, convencido que tenia razón y que sus ideas llevarían a la Argentina por la senda de un crecimiento con inclusión, forzó a la ciudadanía a aceptarla. 
Un siglo después, otro Domingo, el ministro Cavallo, con la fuerza de sus convicciones, impuso un plan de privatización de todo aquello que tuviese valor o generase alguna renta y estuviese secuestrado en manos del estado. 
Muchos se opusieron y con fuertes argumentos en contrario, pero Cavallo, convencido que tenia razón y que sus ideas llevarían a la Argentina por la senda del crecimiento con inclusión, logró implementarlas por el empuje de sus convicciones personales y de los rifles del estado que lo sustentaba. 
Que diferenció a estos dos Domingos? 
La fuerza de sus convicciones? Ambos tenían sus convicciones sostenidas con una autoestima que solo un psicótico podría superar.
Su inteligencia o conocimiento? Diría que los dos eran especialmente inteligentes y con profundos conocimientos de los temas que trataban. 
Su honestidad intelectual? Ni sus peores detractores aliviarían su culpa sosteniendo que no sentían intimimamente lo que impusieron. 
La gran diferencia es que el planteo de Cavallo resulto errado. Simplemente eso, pero nada menos que eso. 
Mientras Sarmiento con sus disparates colocó a La Argentina en una senda de crecimiento con inclusión, los disparates de Cavallo nos llevaron por la puerta de la exclusión hacia el infierno. Pero ambas tesis fueron frutos de una persona de fuertes convicciones, de profundos conocimientos, de honestidad intelectual intachable. Y ambas tesis podrían haber sido válidas por igual. No lo fueron.
Como reconocer a un tipo de planteo de otro? Es imposible hacerlo. Solo los diferenciaremos por sus resultados. De aquí lo importante que resulta detectar lo mas prontamente posible que se trata de un error, simplemente de un error. 
Un error rápidamente reconocido nos genera mucho aprendizaje y poco costo. Uno repetido al infinito, nos destruye sin enseñar. 
Solo del error aprenderemos. 
Porque si el resultado se debió a deshonestidad, deberíamos intentar con otro mandril mas honesto. 
Si fuese por desconocimiento, deberíamos enviar a un mandril mas entrenado, en judo o en leones. 
Si en cambio entendemos que todo estaba bien con nuestro mandril, solo que su teoría, sus presunciones, sus conclusiones, estaban equivocadas, podremos aprender de ese error. Y evolucionar.
Si hay una enseñanza que deberíamos sacar de la serie de errores que cometimos en Argentina y que se cometen en el mundo, es la de prepararnos siempre para el error y preguntarnos ante cada medida “Que pasaría si no ocurre eso que debería ocurrir? Que pasaría si esta tesis, tan pensada, tan honesta, tan fundada, resultara equivocada?”. Esto nos salvara de poner demasiado en riesgo ante cualquier nueva tesis. Evitará los “pesimos” como sugiere Calcagno.
Descubrir que las ideas de Cavallo eran erradas apenas después de la privatización de ENTEL, no habría sido tan destructivo como descubrirlo después de privatizar toda la argentina y ceder sus recursos jubilatorios a las AFJPs. 
Buscar demostrar que Cavallo era bipolar, chorro, nazi o bruto atrasa décadas el aprendizaje y le suma otro error al error. Quizás la orientación de sus tesis se explique por su ideología. Quizás sus errores siempre afecten a los mismos sectores y eso se explique por una natural o inducida voluntad de complacencia a otros sectores. Pero es lo errado de sus tesis lo que nos termina matando, no sus fundamentos psicológicas o ideológicos. 
No apoyamos al proceso K por una superioridad moral, de honestidad o intelectual. No los apoyamos porque tengan un diagnostico de la realidad que nos guste mas (aunque lo tengan). Solo los apoyamos porque tienen un diagnostico mas acertado. Diagnosticaron que apostando al empleo resolveríamos la crisis, que apostando al consumo creceríamos, que apostando a la renegociación de la deuda no caeríamos del planeta, que bajandonos del ALCA no nos quedaríamos sin futuro, etc. Todas apuestas que podrían no haber sido correctas, pero lo fueron.

Alguien puede imaginar diagnosticos mas placenteros, pero un diagnostico acertado tiene la gran conveniencia de poder progresar basado en él.