Hace un tiempo recomendamos un interesante debate entre Artemio y Marcos Novaro, y señalamos que ¨es una vieja tradición argentina, confundir las limitaciones de la condición humana con las intenciones peronistas. El peronismo, bajo esa luz impiadosa, inventó la ambición, el ansia y las luchas de poder, el verticalismo, las bolsas de gatos, el discurso hegemónico, las crisis de sucesión. Hasta el ´45, esas patologías no formaban parte de nuestra sociedad mansa y respetuosa, que resolvía sus conflictos con la civilidad de un cantón suizo¨.
En otro debate, esta vez con FerIglesias, experto en globalización y futuro Jefe del Comando Estelar, Artemio señala el discurso apocalíptico como causa principal del enorme deterioro electoral de la oposición y se sorprende de su persistencia (¨Eran la segunda minoría nacional en el 2007 y hoy están disputando la elección con el Partido Obrero…¿Ustedes son conscientes de lo que implica ese deterioro?¨ le pregunta al estadista de las Glorietas Culturales).
Durante la discusión, el diputado que aclara no venir de la política como si la política fuera un planeta, define al gobierno como corrupto. No habla de la corrupción que existiría en el gobierno sino de una característica generalizada que lo define como tal. Es un hecho evidente que no requiere de otra premisa más que algunas chicanas como la simpática Aerolíneas Camporistas o el recalentado manotazo a la caja de los jubilados. Insólitamente para un parlamentario, denuesta la capacidad de votar leyes del oficialismo aún sin mayoría.
El de la corrupción es el último argumento que puede hilvanar a la oposición (o las oposiciones) a la vez que logra conmover a la franja cada vez menos numerosa de electores independientes (como bien lo sabemos en la MAK, hoy el mundo se divide en kirchneristas entusiastas y kirchneristas culposos).
En esa misma línea que tanto sorprende a Artemio, Miguel Bonasso, gran amigo de Chávez en la Argentina y enemigo de sus amigos argentinos, escribe un olvidable libro sobre El Mal. En un país como el nuestro, generoso en calamidades, muertes y debacles, Bonasso considera que el Mal absoluto está en las coimas que una empresa minera habría generosamente distribuido entre algunos representantes políticos.
Tanto para Novaro, como para FerIglesias, experto en globalización o para Bonasso, el Robespierre de TN, el gobierno es un mal absoluto. No hay corrupción, como en otros ámbitos, sino que es la corrupción. Sus intenciones son satánicas; sus éxitos, detestables y sus funcionarios, inescrupulosos.
Esa furia obstinada impide que el politólogo logre analizar políticas y que el político logre apoyarlas o criticarlas en función de sus electores y no de vapores metafísicos. Aunque ambos se condenan a la irrelevancia, uno académica y los otros electoral, los políticos pagan un precio infinitamente mayor.
Y no parecen darse cuenta.
Tal vez no hayan leído el MAKnual de nuestro Maestro de Luz, el Sri Sri Ravi Shankar del kirchnerismo de Salón: ¨Si todo lo hacen para coimear, ¿por qué no trabajan para las corporaciones y los ricos? ¿O las corporaciones en Argentina son cuáqueros que rechazan coimear? ¿Por qué éstas detestan a los K y amaron a Menem y a los militares? ¿No será que hay algo que los K no aceptan hacer ni por coima?¨
Como escribió Caparrós cuando todavía se interesaba por la política, ¨El honestismo no tiene línea política, lanza admoniciones; el honestismo es la resignación del debate político en aras de la encuesta judicial (…) es la resignación de no discutir lo que realmente importa¨.