
Habiendo gastado los últimos muñecos y evaporado los últimos sueños de victoria y frente al avance del enemigo, o de la enemiga, que considera imparable, la oposición ha decidido preparar su propio Éxodo Jujeño.
Los estrategas opositores apuestan todo al General Invierno, su última carta antes del suicidio en masa (que según elbosnio ya ha comenzado): Abandonar todas aquellas posiciones que no se puedan defender y dejarle al ejército vencedor solo tierra arrasada.
Como la capacidad de daño de la oposición está demasiado ocupada en dañar a la oposición como para poder perjudicar seriamente a un adversario hábil y violento como este gobierno polpotiano que todos padecemos, la estrategia consiste en quemar uno a uno todos los candidatos presidenciales, dejando a la probable vencedora sin trofeo y sin aplauso.
Los argumentos que los medios hegemónicos lanzan para apuntalar esta novedosa táctica buscan acrecentar la irrelevancia de sus adversarios para así disminuir los méritos propios. Según esta versión, la mayoría votará a Cristina no porque haya tomado las decisiones correctas sino porque las otras opciones son impresentables. Una continuación del ¨efecto viento de cola¨ pero en clave electoral (¨Frente a Ricardito, Duhalde o Carrió, hasta mi tía Chola podría ganar las elecciones¨).
Lo extraño es que este argumento sea retomado incluso por los propios interesados, que sufren la terrible carga de aceptarse enanos sólo para intentar reducir la estatura de la que ven como su segura vencedora.
Idea: Compañero Uturunco