El exhorto wikileaks funciona como los cables del mismo nombre: Un medio argentino, citando fuentes anónimas, informa que Facundo Moyano fabricaría en su garage la pasta base que su padre se encargaría de vender en las escuelas. Una investigación de la justicia suiza iniciada por ciertos movimientos sospechosos en las cuentas de un empresario argentino consumidor de alcaloides deriva en un exhorto basado en el artículo periodístico y en algunos comentarios escuchados por la embajadora suiza en su clase de Pilates, referidos al sospechoso nivel de vida de los Moyano.
El círculo se cierra cuando el medio argentino vuelve a publicar la noticia, pero esta vez citando como fuente a la propia justicia helvética que como todos sabemos, carece de intencionalidad política, no como acá que es cualquier cosa.
Sería interesante conocer el destino de un imaginario exhorto enviado a la cancillería francesa por la justicia argentina, sobre la investigación judicial de un aliado estratégico de Sarkozy basada en sospechas de la prensa opositora al presidente francés. O un exhorto de la justicia suiza enviado al Departamento de Estado, relacionado con el presidente del partido demócrata, cuyos fundamentos se basaran en sospechas de comentaristas de la cadena Fox.
En realidad no hace falta ser los finos analistas que somos para intuir que los escritos serían condenados a los hielos eternos de la normativa vigente.
Algún filtro no funcionó en el caso argentino y aunque la impericia y el tiro en el pie son especialidades kirchneristas que no se deberían soslayar (como parece pensarlo Mario Wainfeld), Verbitsky apunta a la intencionalidad política.
Más allá de eso, lo relevante fue la reacción de Moyano, que prefirió escalar el conflicto y contar aliados antes que resolverlo con una simple conferencia de prensa. Es un hard player y en este año electoral quiere que se sepa. Fue probablemente una mala jugada para el oficialismo, que termina a la defensiva una semana que empezó festejando el triunfo de Catamarca, aunque no es seguro que CFK pague un costo significativo.
Siguiendo el paradigma Nestorinox, fue insólitamente la débil CFK quién frenó la maniobra de aquel que según los medios la domina y aterroriza. En realidad, viendo el resultado final, el doble comando, como escribió elbosnio, no estaría en la Rosada, sino en la CGT…
La oposición, que aplaudió los 90 días de desabastecimiento y piquetes liderados por la Sociedad Rural, considera el anuncio de un paro de transportes como la caída de Constantinopla y luego de pedir a los gritos que la presidenta frene a Moyano, se interroga sobre los sórdidos ofrecimientos que le habría hecho para lograrlo. Demuestra, si existiera todavía alguna duda, su irrelevancia política y la apuesta al gol en contra del oficialismo como única estrategia electoral.
Algunos aliados no peronistas claman nuevamente por un kirchnerismo presentable, sin imperfecciones justicialistas. Consideran que lo criticable en un dirigente gremial son sus modales o su enriquecimiento personal más que su responsabilidad en el empobrecimiento de sus representados y en la pérdida de conquistas sociales. Pero sobre todo creen sinceramente que el gobierno podría sobrevivir un día sin el apoyo constante de la CGT.
Como escribe el amigo Mocca:
(…) No parece, entonces, que el tema sea ético, sino que es esencialmente político. Y es político porque apunta a un componente clave de la coalición que conduce la Argentina desde 2003: la alianza entre el Gobierno y el movimiento obrero. Quienes ponen el grito en el cielo por el supuesto carácter no republicano de esa alianza, no se escandalizaron de igual modo cuando, con Menem y con De la Rúa, los interlocutores principales del Estado eran los grandes grupos del poder económico concentrado. La alianza entre Estado y CGT no es una simple estrategia electoral. Por el contrario está cimentada en un proceso de cambios en el mundo del trabajo como no se registraba en el país desde hace muchas décadas.
Si alguien en el Gobierno cree que se puede gobernar en la dirección asumida sin el acompañamiento de una porción considerable del movimiento sindical, terminará contribuyendo a la derrota. Y si algún líder sindical cree que los trabajadores van a llegar al poder sobre la base de la fractura de la actual coalición político-social de gobierno, va a convertirse en la clave del éxito de las operaciones mediático-políticas que dice combatir. De eso trata la hegemonía, de contener en unidad la diversidad y hasta la contradicción.